sábado, 14 de abril de 2012

Reaganautas 2, IX - 12 de abril de 2012



Esta semana en Reaganautas, el regreso tras el parón vacional de toda la actualidad y alarmismo radiofónico para sus orejas. Con un sorprendente documento sonoro del pasado de Jimmy Weaver como detective en Cincinnati. Toda la información internacional y la terrible noticia de la retirada de Richi Santorum de las primarias republicanas. Las aventuras de Timmy 'el botas' tras consumir productos alimenticios de dudosos efectos de la mano de Jerry Conway. Y una historia de sexo y ciencia con eróticos resultados narrada por Sveta Sokolova.

Todo esto y mucho más en una hora de patrióticos contenidos en Reaganautas.

domingo, 8 de abril de 2012

"La mancha de la cabeza de Gorbachov sabía salada"

Cada jueves, Sveta Sokolova rispond
 Sveta Sokolova ha irrumpido en el panorama radiofónico como un vendaval de curiosidad sexual, un fenómeno nunca visto desde el descubrimiento de Timmy el Botas o la ascensión de Howard Stern.
Cada semana esta sexy y menuda rusita risonde a todas las preguntas del público en su espacio dentro del programa radiofónico de moda: Reaganautas.
La nueva estrella del asesoramiento sexual y amoroso se nos descubre (si, también literalmente) en esta entrevista.

¿Qué hace una rusa como tú en un programa como éste?
Cuando llegué a este país trabajé en un local en el que los clientes me dejaban la propina en el escote. Después acepté un trabajo cuidando niños en la casa de unos particulares. Cuando vi que el padre de familia me daba el dinero en la mano en vez de metérmelo en el escote me extrañó muchísimo ¿desde cuándo se le paga a una mujer en la mano? En América hay mucha gente reprimida sexualmente y mis compañeros de Reaganautas, que también se habían dado cuenta de ello, me invitaron a ayudar a los americanos a desinhibirse y ser hombres más libres todavía.

En Reaganautas contestas a todo tipo de preguntas picantonas ¿cómo sabes tanto?
Porque me he abierto mucho. Me refiero mentalmente, soy una chica extrovertida, a la que le gustan los regalos caros y el perfume de marca. Los chicos se dieron cuenta de que podían pasar un buen rato conmigo si me traían algo más que unos bombones. He ido a muchas fiestas en embajadas y sedes del gobierno de diversos países, donde he conocido a muchos amigos especiales con bonitas billeteras y porongas de todas las formas, tamaños y colores. Soy una filántropa.

Para que nuestros lectores se hagan una idea de cómo era aquello y por qué estás aquí ¿Cómo fue tu infancia en Rusia?
Nací en un pueblo al norte de San Petersburgo, en el seno de una familia humilde aplastada por el comunismo. Mi padre trabajaba en el gabinete de propaganda estalinista. Mi madre luchó duramente para que no formara parte del elenco de jóvenes señoritas de compañía para los mandatarios del régimen. Pero más tarde decidí que el mundo de las señoritas de compañía podría ser una salida divertida en un país tan aburrido y gris como la URSS. Cuando murió mi primer marido, mi querido primo Kiril con el que llevaba prometida desde los doce años,  me metí en una agencia de modelos de lencería y busqué un marido con solvencia para pagarme los estudios. Con la herencia que me dejó mi segundo marido, apenas teniendo yo diecinueve años, me compré un billete de avión a París y le compré un rebaño de ovejas a mi padre. En París monté mi propia agencia de señoritas, pero eso ya es otro capítulo. Recuerdo haberle chupado la mancha de la cabeza a Gorbachov y que estaba salada.

"¿Se te ocurre algún juego?"
¿Ya habías desarrollado todo ese interés en el sexo?
En mi primera comunión mi tío Vasily me dijo que quería hacerme un regalo. Me llevó a una habitación retirada del bullicio del festejo y se bajó los pantalones. De sus calzoncillos sacó un enorme y alargado crucifijo y me dio su bendición. Cuando se sacó el crucifijo pude ver algo, algo escondido que yo no tenía bajo mi ropa interior, me pregunté qué era durante mucho tiempo, hasta que unos años más tarde intimé por primera vez con un chico descubriendo el que hasta entonces, y más aún a partir de ese momento fuera el objeto de mi curiosidad.

Hemos podido escuchar rumores sobre algún escarceo tuyo con alguno de los miembros de Reaganautas ¿Es cierto? ¿Crees que es así como debe conseguir un trabajo una joven y preparada mujer con ambición?
Bueno, yo..no sabía que eran locutores de mi más admirado programa radiofónico, Reaganautas. En aquella fiesta había mucha gente. De hecho, cuando el señor Weaber me dijo su nombre tenía un dedo en mi vagina. A Hoth se lo pregunté, porque quería demandarle por que se empeñó en llevar a cabo aquella propuesta conmigo y esa oveja. Respecto a Conway, bueno, simplemente me gusta saber el nombre de la persona a la que estoy esposada. Así los conocí, lo que haya ocurrido entre nosotros no tiene nada que ver con mi carrera profesional, sino con mi bonita figura.

Muchos de los oyentes del programa ya se te han declarado en tan solo dos meses ¿Cómo es el hombre ideal para Sveta Sokolova?
Rudo, con un instinto animal desarrollado y un bonito coche americano en su garaje. Dispuesto a darlo todo por su chica y defenderla de los rojos salidos que rondan su jardín a modo de voyeurs, incluso aunque tenga que hacer uso de alguna de las armas de su colección.

¿Has estado enamorada? ¿Crees en el amor?
Creo en el amor. Pero todavía no he encontrado al hombre ideal para el que seré su princesa. De hecho me reservo para ese hombre, es decir, que las palabras “te quiero” se las guardo para él, y el camisón de la dote que heredó mi madre de mi abuela también lo reservo para esa noche especial con mi amado.

"Esta cama es demasiado grande para mí sola."
¿Qué es lo que más te gusta en la cama?
La cama es un lugar de fusión heterosexual y romanticismo, un sitio muy clásico y tradicional. La cama es aquel lugar donde nos hicieron nuestros padres, por eso me gusta respetarlo. En la cama, a no ser que tenga forma de corazón o colchón de agua, lo que más me gusta es hacer el misionero y otras posturas de sumisión. En el jardín, el autocine o la mesa del profesor prefiero actividades más arriesgadas. Por eso siempre llevo juguetes sexuales en el bolso, esposas forradas de terciopelo y secretos vibradores en mi interior. Sin embargo, en el cajón de mi mesilla de noche sólo encontrarás una Sagrada Biblia.

¿Algo que nunca harías? ¿Dónde crees que está el límite, si lo hay?
Porno gay. No soporto la caracterización con latex y los bigotes falsos. Tendría que  vendarme los pechos para ocultarlos y poner voz de hombre. Me niego. El límite lo pone el dinero.

¿Cuál es la parte de tu cuerpo que más te gusta?
Me encantan mis pezones. Siempre he pensado que la auténtica bandera de un país son las porongas de sus habitantes y los pezones de sus hembras. Los míos son gélidos y difíciles de domar, como Rusia, pero grandes y libres como los Estados Unidos de América.

En un reciente programa descubrimos que Timmy El botas está enamorado de ti ¿Tiene alguna posibilidad?
No podría corresponderle con mi amor, pero me parece un gesto adorable por su parte. En cualquier caso, Jerry Conway es un buen amigo, y sé que con unos cócteles demás podríamos llegar a un acuerdo. Él está al cargo de Timmy ahora y sabe que no hay nadie mejor que yo para introducirle por los senderos de la sexualidad, al fin y al cabo es mi trabajo. Eso sí, serían  sólo negocios.

¿Tiene Sveta precio?
Al igual que todas las mujeres, animales exóticos, trabajadores remunerados y objetos de coleccionista. Para algunos, será como si no lo tuviera, porque Sveta tiene un precio alto que no todos pueden pagar. Por supuesto, yo elijo cuanto cuesto dependiendo del “comprador”.

"Parece que tienes una pequeña taquicardia"
¿Qué es lo que más te gusta de Reaganautas?
Mentiría si no digo que lo que ocurre bajo la mesa, al principio me sentía molesta, pero he aprendido a disfrutarlo. Por otra parte, creo que es más correcto decir que lo que más me gusta de Reaganautas son mis oyentes. Sin ellos, lo que ocurre debajo de la mesa no sería posible.

¿Dónde te ves en unos años, Sveta, medrando como lo haces?
En la Casa Blanca, pero no como he estado anteriormente, bajo la mesa del despacho oval con el pintalabios corrido y el presidente agarrándome de la cabellera. Me veo siendo  esa mujer que hay detrás de todo gran hombre ¿Por qué no creerán que una mujer, por muy bonita que sea está capacitada para ocupar la presidencia?

Un consejo para nuestros lectores.
Salgan desnudos a la calle, pongan la poronga sobre el mostrador de su tienda de alimentación habitual y muestren a esos trabajadores emigrantes quien manda. Y ustedes, senioras ¿han probado a cocinar pastelitos desnudas? ¡El calor del horno da mucha gusto ahí abajo!

lunes, 2 de abril de 2012

Eisner no quiso contratarme (II) – De canoas y payasos

Continúo, queridos lectores y patriotas, con el relato de como Michael Eisner libró una guerra de exterminio contra mi carrera profesional impidiéndome sistemáticamente llevar a buen puerto mis proyectos.

La pasada semana les explicaba quién se oculta detrás del nombre de este empresario y directivo de éxito, como se hizo con el control de una Disney que caminaba de la mano de un ex jugador de fútbol americano hacia la quiebra y la convirtió en una de las compañías mas rentables de la industria audiovisual y en un auténtico gigante multinacional con millones de beneficios anuales. Pero esta semana debemos viajar atrás en el tiempo para comprender los motivos que impulsaron a Eisner a truncar mis esperanzas de éxito cada vez que se le presentó la ocasión. Viajar atrás, hasta los felices años ’50.
¡Pégale fuerte, Ike!

Eisenhower ocupaba la Casa Blanca y el American Way of Life nos convertía en la nación más alegre del mundo. Por aquellos tiempos yo era un feliz y soñador muchacho con toda la vida por delante y la cabeza repleta de sueños. Me imaginaba a mi mismo pilotando un F-104 Starfighter y reconquistando yo solo Corea del Norte o subiendo hasta la estratosfera para derribar Sputniks soviéticos. Mi padre comenzó a preocuparse porque según él, no era normal que un muchacho de quince años se pasase el día yendo de un lado para otro con los brazos extendidos imitando el sonido de un avión, en lugar empezar a correr tras las faldas de las muchachas como todos mis compañeros de East High School de Des Moines. Así que decidió tomar cartas en el asunto y enviarme en el verano de 1958 al Keewaydin Canoe Camp, en Vermont, donde según él, me convertiría en un auténtico ‘moosalamoo’, significase lo que significase aquello. Mi padre afirmaba que allí me enderezarían, me bajarían de las nubes y me convertirían en un auténtico hombre de provecho.
En aquellos años, todos soñabamos con pilotar un Starfighter
Resulta que moosalamoo era la categoría de jóvenes Keewaydin de entre 14 y 16 años,  adiestrados para la supervivencia. Me pregunto como se supone que nos adiestraban para la supervivencia en el bosque, la montaña o en cualquier punto de América tras el holocausto nuclear inminente en ese maldito campamento. Me pregunto también como se supone que iban a enderezarnos y convertirnos en muchachos americanos de provecho con la variedad de estrategias pedagógicas que se aplicaban allí. Porque en el Campamento de Canoas Keewaydin lo único que se hacía era, nada más y nada menos que, remar en una canoa. ¿Tienes problemas de autoestima? Rema en el lago. ¿Eres más grueso que tus compañeros de clase y te llaman gordi? A remar en el lago. ¿Tienes un claro problema psicológico que te impulsa a prender fuego a las cosas? ¡¡Rema en el maldito lago!!
¿Divertido? No...
Nada más llegar allí me presenté como el capitán de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos Johnny R. Hoth. Y ellos contestaron a mis heroicas aspiraciones marciales como tantas otras veces se ha contestado a los veteranos en este país: propinándome una de las mayores palizas que he recibido en mi vida en tiempos de paz (hay que admitir que los sistemas educativos para los jóvenes eran un tanto más bruscos en aquella época). Los encargados de darme la paliza fueron los llamados moosalamoo senior, es decir, los muchachos de 16 años del campamento. Y entre ellos destacaba (¿adivinan?) un bobalicón de mirada aviesa y rostro de orangután llamado Mickey Dammann Eisner.
Eisner ya daba muestras en aquella época de lo que era. Para empezar, se pasó todo el maldito verano haciéndonos la vida imposible a los chavales más jóvenes que él. Nos trataba como si fuésemos malditos novatos de una fraternidad universitaria, fuese o no fuese nuestro primer año en el campamento. En cierta ocasión le metió en los pantalones a un muchacho una serpiente de agua y le obligó a cantar y bailar Shoo Shoo Baby. Pero cuando se encontraba delante de los monitores o de campistas mayores que él, el maldito hipócrita se ponía a sonreír más que si tuviese el tétanos­.
Encima el tipo no dejaba ni por un instante de darse aires. Se paseaba por allí como si fuese el dueño del corral presumiendo porque su bisabuelo, Sigmund, había sido el jodido proveedor de los uniformes de los boy scouts. ¿Puede haber un motivo más mierdoso para darse aires? Su bisabuelo era un miserable costurero judío que fabricaba los uniformes para una organización juvenil fundada por un jodido simpatizante de los nazis confeso. ¡Enhorabuena Michael! Por supuesto todo ese asunto del judaísmo escapaba a mis ámbitos de conocimientos en aquella época y nunca le ataqué con ninguna clase de insulto antisemita. Como mucho le llamaba orangután. Y tampoco es que se lo llamara a la cara, solo lo decía cuando él no estaba porque si me hubiese pillado diciéndolo me habría dado una paliza. Todo habría sido distinto si hubiese tenido mi Lockheed F-104 listo para el combate. Entonces Mickey Dumbann Eisner se habría enterado de lo que sucedía al meterse con un coronel condecorado de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos de América (consideraba el tiempo que había pasado en Keewaydin como servicio prestado en combate e imaginariamente había sido ascendido y condecorado).
El viejo Sigmund Eisner en cuestión.
El caso es, que cuando se es joven, a uno se le ocurren cosas muy imaginativas para vengarse de un abusón. Y además en aquella época se dispone de la energía o de la inconsciencia suficiente para llevarla a cabo. Durante lo que duró el campamento, Eisner no se limitó a maltratar a los que eran más débiles que él y lamerles el culo a los monitores. También dio rienda suelta a su efervescencia adolescente. Había una chica por allí, Cindy Harter, que era sobrina del tipo que dirigía el campamento Songadeewin, el equivalente a Keewaydin para chicas. Cindy tenía los dientes torcidos, una voz horrible y una actitud tremendamente desagradable, lo que hizo inevitable que entre ella y Dumbann Eisner surgiese un romántico idilio de verano. Por ser la sobrina de Doc Harter, la muchacha podía escaquearse de la estupidez de las canoas siempre que quisiese e iba de un lado para otro con un perro ridículo al que llamaba Archer en honor al héroe de la II Guerra Mundial, según ella, a pesar de que el aspecto del cánido hacia pensar en que era bastante más viejo que el propio general Vandergrift.
Las cosas que decía mi madre siempre habían tenido como único objetivo proporcionar el bien a la gente. Ella no albergaba ninguna maldad, pueden estar seguros. No ha habido una mujer de mayor corazón en todo Iowa. Así siguiendo una lógica aplastante, invirtiendo las cosas que decía se podía lograr hacer mucho mal.
Así que ni corto ni perezoso, decidí dar la vuelta a uno de los consejos que más frecuentemente repetía. No resultaba fácil, porque no encontraba la manera de hacer comer a Eisner del comedero de Archer. Por más que le daba vueltas, no era capaz de inventar una manera para engañarle y que lo hiciese. Pero, en ocasiones, la suerte se pone de parte del débil. Antes de que acabase el verano, a ninguno nos sorprendió, Archer murió como un maldito perro. Al fin y al cabo es lo que era, y por eso no nos sorprendió. El idiota se lazó desde uno de los embarcaderos al lago para atacarse a si mismo al ver su reflejo y se ahogó. Puede decirse que fue el último acto de combate del general. Y en ese momento se hizo innecesario que Michael comiese de su comedero. Porque, si queridos lectores y patriotas, aquel acontecimiento me dio la oportunidad de contratar a un payaso para un funeral.
Una foto de aquellos tiempos del lago. En realidad, en los años '50 se veía a color.
Todo fue extremadamente sencillo. Eisner tuvo la brillante ocurrencia de organizar el funeral para el maldito perro con el pretendido objetivo de ganar puntos frente a la inconsolable Cindy. Pero aunque delante de ella apareciese como un auténtico caballero y mostrase todo su sentimiento para expresar lo profundamente que le había afectado la muerte de ese repugnante perro, en realidad, por supuesto, no iba a ensuciarse las manos haciendo ninguna tarea, empezando por sacar al maldito animal del lago. Así en cuanto tuve oportunidad, convencí a los otros muchachos de vengarnos de una vez de él.
Kevin Gustavson, uno de los chicos de primer año de moosalamoo, fue quién interpretó al payaso. Se suponía que tenía que vestirse con unos pantalones de monitor que le quedaban grandes con unos tirantes, una camisa de leñador y, con la cara pintada con las pinturas del teatrillo Wampanoag, hacer un poco el imbécil para sabotear el funeral. Pero el caso es que Gustavson se tomó demasiado en serio el asunto del sabotaje y se puso a mear encima del perro. La Harter se puso a chillar como una histérica y Eisner se lanzó encima de Kevin como un oso Kodiak. Los demás no sabían muy bien que hacer pero yo no podía parar de reírme. Cuando Eisner alejó su atención del magullado Gustavson, preguntó de quién había sido la idea. Y esos miserables traidores me vendieron a los dos segundos. Dos segundos exactos.
Como dice el dicho: 'Perro idiota no sabe nadar'.
En ese momento pensé que Michael iba a matarme y que ya que iba a morir, por lo menos iba a hacerlo feliz porque no podía parar de reírme. Pero no me pegó. Solo se acercó a mí y me dijo: “Voy a dedicar el resto de mi vida a hacer de la tuya un maldito infierno, Hoth”. Bueno… no sé si empleo esas palabras exactamente, pero fueron algo parecido. ¡El mensaje implícito era ese! El caso es que, de haber sabido hasta que punto esa rata rencorosa iba a tratar de cumplir su amenaza, quizá no me habría reído tanto.
Bueno, no se si sería gracias al terapéutico plan educativo a base de canoas y remos de Keewaydin, pero desde luego, cuando regresé a Des Moines, dejé de ir de un lado para otro imitando el sonido de un Starfighter. Al año siguiente me cuidé mucho de que mi padre me mandase de nuevo a ese maldito campamento buscándome un trabajo de verano. No es que tuviese miedo de volver a encontrarme con Eisner ni nada por el estilo, pero no me llamaba la atención pasar otro maldito verano en el lugar más remoto del este norteamericano. Un par de años después, acabé el instituto y me alisté en el ejército. Sin más noticias sobre ninguno de los muchachos de Keewaydin, simplemente me olvidé de Michael Eisner. Y no volvería a saber de él hasta muchos años más tarde, después de mil y una aventuras en el sudeste asiático. Pero esa, queridos lectores y patriotas, es otra historia.

viernes, 30 de marzo de 2012

Reaganautas 2, VIII - 29 de marzo de 2012



Esta semana en Reaganautas: Todos los macabros planes de Barry Obama para sabotear las elecciones presidenciales y la probable caída en el Tribunal Supremo de su plan de asistencia sanitaria narrados por John R. Hoth. Más noticias sobre alimentación asesina locutadas impecablemente por nuestro eterno becario Timmy 'el Botas'. Escalofriantes documentos sobre el atropello a la libertad individual analizados por Jimmy Weaver. Y recordaremos una entrañable entrevista de Jerry Conway a Charles Bronson con motivo del 30 aniversario del estreno de la película Death Wish II, el Justiciero de la Noche.

Todo esto, traiciones políticas, huelgas de guionistas del programa injustificadas y trapos sucios de la política internacional en Reaganautas.

lunes, 26 de marzo de 2012

Eisner no quiso contratarme (I) - ¿Quién demonios es Michael Eisner?

Mi madre solía decir, “no comas del comedero del perro ni contrates a un payaso para un funeral”. Si le hubiese hecho caso, posiblemente ahora estaría montado en el dólar y no mendigando a los anunciantes que no tienen dinero suficiente para costearse espacios en The Rush Limbaugh Show o en The O’Reilly Factor o que son tan sumamente tacaños que ofrecen una maldita miseria a pesar de haber cobrado millones de dólares de los contribuyentes en los socializantes rescates de Obama (¿Lo leéis miserables de la Lyoness Automotion Company?). Pero de errores está plagado el camino y la marcha atrás no existe en la vida más que como método anti-conceptivo ineficiente.

Con todo, aunque es fácil echar la vista atrás y culparse a uno mismo por los errores cometidos en el pasado, es aún más fácil echarle la culpa a otro. En mi caso, ese otro es Michael Eisner, el hombre que ha venido saboteando mi carrera siempre que ha tenido ocasión. Y lo ha hecho, simplemente porque es un maldito rencoroso, porque nunca supo encajar una broma y porque le ha venido en gana. También, por supuesto, porque ha tenido los medios a su disposición para hacerlo…

 ¿Dejaría ustedes en manos de este hombre la educación de sus hijos? ¡Lamento comunicarles que ya lo hicieron!

A estas alturas, muchos de vosotros, queridos lectores y patriotas, os estaréis preguntando quién demonios es Michael Eisner. Permíteme decirte, sin ánimo de ofender, querido lector, que eso solo es porque eres un maldito ignorante y que quizá deberías sacar tu cabeza de tu culo y enterarte de quién ha sido el responsable de la educación de tus hijos mientras tú te divertías despreocupadamente en el bar con tus amigos. Desde Walt Disney, nadie había tenido tanto poder sobre los cerebros infantiles como el que alcanzó Michael Eisner.

Allá por 1984, la Disney se encontraba al borde del abismo. Bajo el mando de Ron Miller, hombre de la familia con más buenas intenciones que conocimientos sobre cine, la productora se había lanzado a experimentar con producciones cinematográficas arriesgadas en un intento por desligarse de la imagen Bambi, establecida en vida del viejo Walt. En los años ’70 había firmado una ‘joint venture’ con la Paramount y se había lanzado a la conquista de todo el público. La estrategia parecía estar bastante clara. Hacer aquello que a las otras productoras les hubiese funcionado.

"Que cagada lo de Star Wars, ¿eh?" "Tranquilos, seguro que este bizarro plagio la supera"

Así, tras el éxito de La Guerra de las Galaxias de George Lucas (un proyecto que había estado en las manos de los buenos señores de la Disney, pero que habían rechazado en una genialidad más de la historia del cine), no dudaron en realizar su propia superproducción espacial con The Black Hole, una película que en su momento fue el mayor fracaso de la productora. No durante demasiado tiempo. Después del éxito de Excalibur y asumiendo con bastante clarividencia que el tema épico iba a calar hondo en los recién iniciados ’80, en 1981 volvieron a hacer de las suyas con Dragonslayer, una película demasiado siniestra para el público tradicional de Disney pero demasiado infantil para el público expectante de sangre, espadas y brujería, que terminó desbancando a la aventura espacial como mayor fracaso en la historia de los estudios.

Mientras tanto, en la asociación con Paramount, el estudio de la montaña nevada parecía llevarse todos los éxitos de la mano de Barry Diller y su mano derecha Mr Michael ‘odio a John R. Hoth’ Eisner. Barry había sacado a Eisner de la dirección de la cadena ABC para convertirle en su mano derecha y veía como todo lo que tocaban se convertía en oro.

El asunto copia de formato de éxito no parecía rendir los resultados esperados, así que Ronnie Miller pensó que sería una buena idea producir un proyecto descabellado que Steve Lisberger había estado paseando por todo Hollywood recibiendo portazo tras portazo (¡Por algún motivo Ronnie!). Un guion infumable, la dirección a cargo de un hombre que solo había hecho unos pequeños cortos sobre las olimpiadas boicoteadas de Moscú ’80 y 20 millones de dólares dieron como resultado Tron.

Tron...

Necesito hacer una pausa aquí. Muchos de ustedes no sabrán como funcionan las cosas en Hollywood, pero les garantizo que resulta increíblemente difícil que a uno le den dinero para producir algo. Puedes tener lo más grande que se ha hecho desde Rio Bravo que, hijo mio, te garantizo que vas a sudar sangre para conseguir que te produzcan. Así que me resulta difícil imaginar que le pasó por la cabeza a Miller cuando un hombre que solo había dirigido unos cortos sobre animalitos que hacen alegremente deporte en unas olimpiadas comunistas que no le interesan ni al maldito Dukakis le pidió 20 millones de dólares para hacer una película de ordenador, y decidió dárselos alegremente. ¡20 millones de dólares! ¿Qué se le pasó por la maldita cabeza? ¿Para esto combatimos en Vietnam? ¿Para que el fulano mediocre fauno-comunistoide como Lisberger reciba 20 millones de dólares?

Ronnie Miller parecía no aprender la lección y seguía empeñado en tratar de atraer al público que nunca iría a ver una maldita película de Disney mientras provocaba la ira de los aficionados a los dibujos de cuentos de hadas. A Tron le sucedió El Carnaval de las Tinieblas y para entonces, los accionistas dijeron, basta. En 1984, aprovechando la dimisión de Diller al frente de Paramount para contratar por Fox, Eisner hizo la jugada, se posicionó como el líder de Paramount, se alió con Roy E. Disney y dio el salto para convertirse en el CEO Manager de la Walt Disney Company. Miller le había dejado una bomba de relojería como regalo de despedida, la producción durante 7 años y a costa de 25 millones de dólares más de Tarón y El Caldero Mágico. Eisner trató de detener la producción, pero ya era demasiado tarde, y con un año de retraso respecto a lo programado, Taron se estrenó arrojando ‘solo’ 4 millones de dólares en pérdidas.

Era la hora de Eisner. Con un poder prácticamente absoluto y con una visión de negocio diametralmente opuesta a la de Miller, Eisner catapultó a la Disney hasta convertirse en un auténtico imperio de la comunicación. Para comenzar, le robó a Frank Wells a la Warner, que empezó por hacer lo que mejor sabía produciendo ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? Para evitar el error de Miller, las películas interpretadas por actores empezaron a ir firmadas por Touchstone, una marca secundaria bajo la cual se estrenaron obras clave de los ’80 como 1, 2, 3… Splash, Good Morning Vietnam o El Club de los Poetas Muertos (una idea de original de Miller que no llegó a aplicar antes de que le diesen la patada). Mientras, la marca Disney quedaba reservada para una nueva oleada de producciones familiares de animación que reventarían el mercado como La Sirenita, La Bella y la Bestia… Bueno, ya saben.

¿Por qué sonríe Mickey? Posiblemente porque le han dibujado así deliberadamente...

Pero Eisner no se limitó a cambiar el rumbo de la productora cinematográfica. El imperio de The Walt Disney Company comenzó a crecer diversificándose, y acumulando mecanismos con los cuales hacer la vida imposible a un servidor, un asunto para el que Eisner demostró ser un auténtico mago del buen hacer. A comienzos de los ’90 invadiría el sector de cine independiente haciéndose con el control de Miramax, la productora de los Weinstein, gracias al trabajo del tiburón de los negocios Jeffrey Katzenberg, responsable también de consensuar la alianza estratégica entre Pixar y Disney que tan buenos resultados le daría en el futuro. En 1996 se hizo con el control de ABC, un canal que había tenido una larga historia de colaboración con la Disney y en el cual habían comenzado su andadura tanto Eisner como Barry Diller y donde se introdujeron gracias a la actuación en su favor del multi-traidor Bob Iger. También se haría con el control de ESPN logrando una posición predominante en el ámbito de las retransmisiones deportivas.

Pero no todo fueron éxitos para Michael durante la era Clinton. En 1994, Frank Wells murió en un desafortunado accidente de helicóptero justo antes del estreno de El Rey León que proporcionaría los mayores beneficios de la historia de la Disney por una película. A partir de ese momento comenzaron a producirse las traiciones. Tras diez años en los que la industria cinematográfica se enfrentó a una sucesión de cambios traumáticos, la Disney y sus marcas secundarias comenzaron a padecer algunos fracasos sonoros en taquilla y a enfrentarse a la ira del público con algunos escándalos derivados de sus asociaciones comerciales.

El periplo de Michael Eisner al frente de la corporación de contenidos audiovisuales familiares terminó abruptamente en 2005. Roy E. Disney, que ya había protagonizado un golpe de mano en 1984 para aupar a Eisner al control de la corporación, le retiró en esta ocasión su apoyo para liderar una coalición denominada ‘Salvemos a Disney’, que sustituyó a la velocidad del rayo al bueno de Michael por su viejo amigo Robert Iger, responsable en años posteriores de convertir Disney Channel en una suerte de Mtv bizarra y adquirir por una fortuna salvaje la editorial de comics Marvel. Pero los 20 años de control de Eisner dejaron una huella indeleble en la industria del cine y la televisión, y un reguero de boicots y agravios contra el hombre que les escribe. Pero eso es una historia que conocerán, queridos lectores, más adelante.