Camuflado entre las nimiedades de actualidad del mes de
noviembre como la derrota de las esperanzas republicanas depositadas en
Mitt Romney o la muerte del perro más gordo del mundo, pueden olvidarse los
acontecimientos realmente importantes. Como el 85 aniversario del nacimiento de
Richard Crenna. Veterano de guerra, actor, productor, director, estadounidense
y patriota, Richard Crenna simbolizó durante décadas los más profundos valores
americanos.
Galán radiofónico de gabardina y whisky
Nacido en Los Ángeles en 1927, pasó los primeros años de su
vida saltando de un centro educativo a otro motivado por su dudoso
comportamiento disciplinario. Tras el bombardeo de Pearl Harbour no dudó en
lanzarse a la aventura bélica como operador de radio en el Pacífico. Gracias a
los conocimientos adquiridos durante la guerra y posiblemente a la absurda
política de contratación de la NBC, tras regresar comenzó a trabajar como actor
en radionovelas como El Gran Gildersleeve
o Una
cita con Judy. Vayan a preguntar a sus abuelitas. A mediados de los ’50,
con la llegada de la televisión, Crenna tuvo la oportunidad de mostrar su
aspecto físico al mundo a través de los revolucionarios tubos catódicos, apareciendo
como figurante en algunas de las primeras series.
Con ese porte, qué otra cara ponerle, secretaria.
Pero su auténtica oportunidad no llegaría hasta mediados de
los ’60, cuando abandonó la NBC para protagonizar su propia serie en la
competencia, CBS. Su papel: el carismático y radical senador republicano James
Slattery en Slattery’sPeople, producida
por la compañía del polifacético Bing Crosby. No sería la última vez que Crenna
representase con sus papeles los más representativos y valiosos arquetipos
morales, ya que encadenaría éxitos interpretando a abogados procaces con sus
secretarias, oficiales navales o coroneles de regimientos de caballería en el
salvaje oeste.
Lamentablemente, la algarada hippie que consumía las mentes norteamericanas
y el escándalo del Watergate impidieron que Crenna llegase a lo más alto,
siendo denostadas sus interpretaciones por una crítica más proclive a dramas
sociales aquejados de excesiva corrección política y basuras sentimentaloides.
Devil Dog, un de las producciones de gran factura en las que trabajó en los '70.
Por suerte, como para tantos otros estadounidenses de bien,
la llegada a la Casa Blanca de Ronald Reagan le permitió catapultar tardíamente
su carrera interpretando al papel por el que sería mundialmente recordado, el
coronel Trautman en Acorralado, Rambo II
y Rambo III. El icónico militar con elevado gusto por las boinas devolvería
la esperanza al mundo libre y extendería a todo el planeta la imagen de un
ejército norteamericano formado por veteranos adictos a los esteroides y con
más que patentes problemas mentales.
Joven y membrudo, Stallone palidece ante el poderío de Crenna
Como agradecido americano de pro, Crenna reconocería la
influencia de la era Reagan en su éxito realizando al final de su vida uno de
los mayores homenajes que podría haberse hecho a Ronnie: interpretarle en el
telefilm Crónica de un atentado, que narraba el intento de asesinato del
presidente Ronnie por parte de un desquiciado con evidentes problemas mentales.
Lamentablemente Crenna nos abandonó hace casi diez años, afectado por problemas
hepáticos y de páncreas probablemente derivados de su sana afición por la
bebida.
El sueño de cualquier gran actor: interpretar al Gran Hombre.
Muchos son los mensajes, emails, telegramas y cartas escritas con sangre que me mandáis mis fans cada semana. En gran parte de ellos me pedís que os ilustre con mi enorme sabiduría y que os recomiende productos culturales y, en su defecto, meramente audiovisuales que cumplan con los estándares de calidad, forma, contenido y mensaje que exigimos en Reaganautas.
Narrado ya el problema, expongo mi solución. He decidido, en un alarde más de visión multimedia, reseñaros periódicamente algunas de las obras que considero fundamentales para la humanidad. La periodicidad será variable y dependerá de mí y de mi agetreada agenda de perversiones lúdico-sexuales y de que me vaya dando la gana, vaya. He aquí la primera reseña, se trata de una película: No puedes comprar mi amor (Can't buy my love), de 1987.
Porque el amor sí tiene precio...
Eddie Rash, responsable de memorables filmes como ¡Menudo yerno! (con Pauly Shore), American Pie 4 o la tercera y la cuarta parte de la pentalogía de animadoras !A por todas!, trata en la que es su mejor obra cinematográfica hasta el momento (lo siento, Pauly) el problema de la compra-venta de amor. Pese a lo que ya estaréis pensando, no se trata de una película en favor de la prostitución como Risky Business. Al menos no de la misma forma. La cuestión que plantea Rash mediante esta historia protagonizada por un cortacesped loser y espigado (Patrick Dempsey) y la chica más popular del instituto y del condado (Amanda Peterson) es la siguiente: ¿Puede comprarse el amor?
Mira lo que llevo en el zapato ¿Tienes cambio?
Pues como ya sabéis los reaganautas, la respuesta es afirmativa. Y pese a lo que diga el trailer, el resultado final de la película así lo demuestra. No pretendo haceros spoiler de la cinta, pero no es difícil llegar a la conclusión de que una buena película (especialmente en los años 80) debe tener un final feliz.
El caso es que Ronald (o Donald), el personaje que interpreta Dempsey, es un perdedor aficionado a la astronomía que gana algo de pasta cortando el césped de todo el vecindario. Entre sus clientes está la mamá de la reina del insti y jefa de las animadoras, la rubísima y chiquitina Amanda Peterson. Como podéis ver, el tema de las animadoras perseguirá al director a lo largo de toda su carrera. Donald (o Ronald) se rodea de perdedores y lleva boina y gafas, y no puede dejar de soñar con llegar a ser popular para poder enamorar a la chica con la que se afila el lápiz cada día en la mañana y antes de dormir y dejar por fin de lado a su amigo pelirrojo de pantalones pesqueros y pinta de llevar también una frenética actividad masturbatoria.
Sólo acepto Master Card y American Express, chato.
A pesar de sus pintas de geek y de los loser que le rodean, nuestro héroe es un tiburón social y piensa que quizá sería mejor invertir los 1000 dólares que había ganado cortando céspedes en algo mejor que un telescopio: alquilar durante un mes a la chica de sus sueños adquiriendo con ella una vida social y, quien sabe, sexual. Cuanto sufrimiento evita el dinero. Evidentemente, la chavala no es tonta y acepta de buena gana, ya que se veía en un aprieto por falta de liquidez. Es en este momento cuando empiezan una serie de líos de faldas, borracheras de éxito, subidas y bajadas en la escala social, fiestas, amistad, destierros sociales y demás relleno para conformar una película bastante disfrutable y con un giro argumental final al uso que hará las delicias de todo aquel que haya estudiado en un istituto en los Estados Unidos, como todos nuestros lectores.
Comienzos de la década de los 90. Los Estados Unidos añoran la era Reagan, se conforman con el segundón George H. W. Bush y en el ambiente empieza a notar una infame y más que segura vuelta de los demócratas a la casa blanca. Ni Iraq podrá evitarlo. El auge de las series de negros va a encontrar su cenit cuando un exitoso rapero, graciosete, infantil, inofensivo, de ropajes fosforescentes y clase baja de Filadelfia es mandado por su gritona mamá a la costa oeste, a vivir en la casa de sus tíos millonarios en el lujoso barrio de Bel-Air, Los Ángeles, y estudiar en un elitista colegio de pago como castigo por meterse en líos. Vecinos de Reagan, por cierto. Nadie como las madres solteras de color del extrarradio de la ciudad con nombre de queso de untar para aplicar castigos ejemplares...
Alfonso Ribeiro, el jodido amo de Bel Air. Un auténtico Reaganauta.
Will Smith no tuvo ni que adoptar un nombre ficticio para su personaje en Fresh Prince of Bel-Air en un alarde de marketing digno de alguna mente preclara de la escuela reaganauta. Hasta se le proporcionó un papel a su dejay habitual, DJ Jazzy Jeff (Jazz). Nada hacía sospechar, cuando apareció en escena el relamido y estirado proyecto de estudiante de Princeton de su primo Carlton Banks, que la serie acabaría en no mucho tiempo girando alrededor de lo que convirtió en un inesperado y entrañable dúo cómico: el protagonizado por el irresponsable Will Smith y el responsable pipinais y acartonado Carlton, al que daba vida el polifacético Alfonso Ribeiro.
Alfonso Ribeiro, pura escuela Reaganauta
Si bien entre el público a nivel global que obtuvo la venerada serie Alfonso Riveiro resultaba todo un desconocido, en EEUU el actor de origen trinitense ya había dado muestras de su ambición y espíritu emprendedor (un ansia que ya de adulto le costaría algún que otro problema con los hidratos y las grasas saturadas).
Con tan solo 10 años, este precoz todoterreno del mundo del espectáculo alcanzaría el éxito de la mejor manera en que podía hacerlo un niño por aquel entonces, de la mano de Michael Jackson. Sin duda Alfonso fue pionero aprovechando la buena relación de Jacko con los infantes. Nuestro pequeño héroe bailarín, que ya había alcanzado por aquel 1984 su estatura adulta, supo relegar al rey del pop a un segundo plano (como tantas veces haría luego con Smith) en un anuncio de la marca de refrescos Pepsi.
El prepuberal Alfonso, consciente de que el éxito no consiste tanto en llegar sino en mantenerse y, sobre todo, to make money ,supo cual Carlton Banks, elaborar un análisis DAFO de la situación e iniciar su aventura empresarial antes de cambiar los dientes de leche. Gracias a la desregulación laboral y empresarial de nuestros adorados años 80, Ribeiro no tuvo mayores problemas para convertirse en un joven emprendedor y pudo sacar al mercado un curso de baile paso a paso en VHS, Alfonso Ribeiro's Breakin' & Poppin' , donde enseñaba a los jóvenes a marcarse los pasos que a él le llevaron hasta Michael y hasta el consecuente éxito.
Vista la capacidad expresiva y la gran iniciativa de Alfonso, y sus ilimitadas capacidades como bailarín, actor, estrella infantil, productor audiovisual junior, empresario y piloto de carreras, se explica no sólo su progresivo aumento de protagonismo en El Príncipe de Bel Air, sino el mismo éxito de la serie. Pero muchos de ustedes se preguntarán: ¿qué ha pasado con Alfonso Ribeiro? ¿Qué ha sido de Carlton Banks? ¿Se puso tan gordo? ¿El fin de la serie acabó con su carrera?
Para responder a estas preguntas empezaremos por decir que sí, se puso bastante gordo, pero ha conseguido controlar su peso (no descarten que algún día de estos publique una serie de DVDs para ayudar a perder peso). En cuanto a las demás preguntas, la respuesta es clara: nada más lejos de la realidad. Pese a que gran parte de su actividad no ha llegado a cruzar el charco y tampoco le ha importado escapar de los focos para no tener que imitar a Carlton en cada acto público, Alfonso Ribeiro sigue disfrutando del éxito. A sus múltiples aptitudes ha sumado las facetas de director y productor de éxito, presentador de concursos, o realizador de cameos. En una última demostración de visión de marketing, supo sacarle rendimiento económico a su gordura apareciendo en un anuncio de McDonalds.
Pero todo esto se queda bastante pequeño en comparación con un último dato. Y es que Alfonso Ribeiro no sigue teniendo éxito, sino que además lleva una vida sentimental desenfrenada y llena de rubias blanquitas. Tras romper su matrimonio en 2006, se le relacionó sentimentalmente con la rubia actriz porno y stripper Ashlynn Brooke. Así que sigan ustedes idolatrando a Will Smith, el gurú se queda con Carlton (y sueña con Hilary).
El enésimo archienemigo que se cruza en la fulgurante ascensión de vuestro programa favorito, Reaganautas, no es comunista, no es Barack Hussein Obama y tampoco pertenece al partido republicano. Es más, ni tan siquiera ha tenido arrestos a dar la cara. El excéntrico DJ Cinnamoon, acaba de rechazar nuestra oferta de expresarse en nuestro imparcial y respetuoso espacio radiofónico. Y juramos nada ha tenido que ver con su negativa el hecho de que le entregara nuestra carta un agente del Mossad, previo registro de sus dependencias e intento de tacto rectal.
Lo que tantas y tantas figuras de calado internacional y celebridades ansían, la invitación para sentarse en la cabina de Reaganautas y tener su minuto de gloria, ha sido rechazado por este vil filocomunista. Y todos ustedes se preguntarán quién carajo es este tipo. Normal. DJ Cinnamoon no es más que un desvergonzado disyóquey que se dedica a recopilar casettes por las gasolineras de oriente medio, para luego catalogar y difundir aquella música por las discoteques cual agente del enemigo. En la mayoría de las ocasiones lleva a cabo sus actos de terrorismo musical en oscuros antros plagados de ninis-antisistema que, ávidos de excitación, responden a la llamada subversiva de los ritmos del Medio Oriente con lascivos contoneos, su jolgorio primitivista y exótico y llamadas a la revolución terroristapanislámica contra occidente, sus valores y, sobre todo, la decencia y el saber estar.
Ante la invitación de Reaganautas a que DJ Cinnamoon se explicara, éste tuvo la desfachatez de acusar a nuestro programa de imperialista, disparó al aire su Kalashnikov y, seguramente, envió a alguno de sus fans a comprar ántrax y explosivo plástico para mandarnos un paquetito por correo. Pero no se asusten, ya saben que las instalaciones de Radio Almenara están provistas de una fuerte dote de seguridad y el FBI vela por Reaganautas y por la libertad de ustedes para escucharnos. Esta provocación, esta fútil amenaza, una más contra la libertad y la democracia, será contestada con una contundente campaña de desprestigio por nuestra parte. No escuchen su música. No bailen sus ritmos. No le contraten para animar sus fiestas. No cuestionen la supremacía de la música WASP. Y sobre todo, no visiten su web, reseñada más abajo.
Para terminar, recuerden siempre: si alguna vez acuden a un local y, al escuchar música de Hezbolá, se giran e identifican a DJ Sinnamoon, no lo duden: contacten con la policía, escúpanle y salgan corriendo de ese centro de reunión de Ayatolás atómicos antes de que su cuerpo comienze a agitarse peligrosamente.
Lo que todo el mundo estaba esperando. Una nueva sección con todos los conocimientos culturales del único gurú de las ondas radiofónicas. A partir de ahora, queridos oyentes americanos y patriotas, podrán disfrutar de todo el conocimiento ilustrado de Jerry Conway con un solo clic de ratón.