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viernes, 22 de febrero de 2013

Reaganautas 3, XII - 21 de febrero de 2012





¿Qué ha sucedido con Timmy el Botas? ¿Ha sido realmente asesinado? ¿Habrá sido secuestrado por la guerrilla ni-ni antisistema? ¿O sencillamente se encuentra perdido por algún lúgubre rincón del sudeste asiático realizando un nuevo episodio de El Hombre Contra el Sexo?

Reaganautas se despide de la temporada realizando, como no podía ser de otra manera, un autohomenaje ultracomplaciente y respondiendo a todas las preguntas de los oyentes que nunca nos habíamos tomado la molestia de contestar. Todo un alarde de información, espectáculo, veracidad y atención a nuestro querido público en la última emisión de la tercera temporada.

Con los escalofriantes relatos de John Randall Hoth acerca de su secuestro. Un nuevo cambio de parecer de Jimmy Weaver que regresa al mundo de las drogas. Y una crítica salvaje de nuestra sexóloga rusa Sveta Sokolova a la obra de alguna degenerada pansexual. Con Jerry 'el Gurú' Conway a los mandos.

Todo esto, revelaciones espectaculares, accidentes mortales y banda sonora de Alan Silvestri en la última esperanza para la libertad en las ondas. Permanezcan atentos a sus aparatos de emisión radiofónica.


Programa patrocinado por Licor de malta Jamal Premium

martes, 25 de diciembre de 2012

FREE SVETA!!

Extra!! Extra!! La rusa más reaganauta se encuentra en apuros.


Noticias de última hora, nuestra sexóloga favorita pasará la navidad entre rejas. Esta mañana ha sido detenida por la policía tras analizarse las pruebas de un delito que aún es secreto policial.



 Afortunadamente varias empresas multimillonarias entre las que se encuentra el Banco Federal del Sudeste o Disney, se disputan el pago de la fianza. 

Tú también puedes ayudarla. 
Contrata la atractiva cuenta de ahorros "Total Rescue 3000", porque en Banco Federal del sudeste te cobramos más...por un mundo mejor. Corre a tu sucursal del banco habitual!!

Aquí y ahora, desde Reaganautas, les mantendremos informados. 

martes, 17 de abril de 2012

Eisner no quiso contratarme (III) – Vietnam, la serie animada

En el verano de 1972, tras diez largos años de servicio y seis años sin pisar Norteamérica, me licencié y regresé a casa. El ‘Coronel de las Fuerzas Aéreas’ John Randall Hoth se había quedado en simple, Sgt. de intendencia Hoth. Nunca llegué a pilotar nada parecido a un avión ni a cumplir mis sueños de heroísmo bélico, pero no se puede decir que mis años en el ejército fuesen una pérdida de tiempo. Había ahorrado una buena cantidad de dinero y había aprendido a usar una radio. Así que en cuanto volví, no dudé en cambiar mis aspiraciones, fijándome en los medios de comunicación.

 No era para nada como en Good Morning Vietnam...

En Des Moines, logré convencer al director de la emisora local WHO News Radio para que me contratase, algo que para mí fue el mayor éxito de mi vida (los auténticos Reaganautas sabrán por qué fue tan importante trabajar concretamente en esta emisora para mí). Allí narré frente a un micrófono algunas de las noticias más importantes de la historia de América y del mundo, como los atentados de Munich o la entrada de las tropas norvietnamitas en Saigón. Pero para finales de 1975, la buena emisora local se había quedado un poco pequeña para mí, así que decidí dar el gran salto e instalarme en Nueva York para probar suerte en los medios de allí.

Los mejores empezamos en WHO Radio.

Nada más llegar, empecé a trabajar en una radio fórmula bastante mediocre en la que ni siquiera hablaba y me limitaba a hacer labores técnicas. La situación era lo suficientemente mierdosa como para que no quisiese quedarme allí y probé suerte en todas las estaciones informativas que pude. Pero no había manera. Mi experiencia en la WHO de Des Moines y un módulo de radio en el ejército no eran suficientes para la mayoría de las emisoras. Tiempo después descubrí que la emisora para la que trabajaba, la MusicRadio 77, que pertenecía a la cadena ABC, estaba en todo momento bajo la supervisión directa de un directivo estirado y con cara maquiavélica llamado Michael Eisner. No me cuesta demasiado sospechar que él tuvo algo que ver con el sabotaje sistemático de mis aspiraciones a trabajar en algún medio informativo, por lo que se podría considerar el primer boicot a mi carrera, pero en aquel momento no fui consciente.

Sin embargo, al cabo de unos meses, tuve la suerte de conocer a un predicador evangelista que por aquella época contaba con una influencia creciente en los medios de comunicación. Se trataba de Pat Robertson. Aunque yo nunca he tenido demasiadas preocupaciones por lo que piensa o deja de pensar Dios, Robertson y yo trabamos una buena amistad inmediatamente. Colaboré un tiempo en algunos medios de la Christian Broadcasting Network y, en 1977, Robertson me convención para matricularme en la Regent University, un centro de estudios que el predicador había establecido con su propio dinero en Virginia. No se puede decir que en aquella época yo tuviese edad para se un universitario, pero Robertson me convención de que si quería crecer en los medios de comunicación, me haría falta contar con una titulación.

Pattie siempre se las gastó de esta guisa.

El caso es que allí, en lugar de aprender nada útil, lo que me dediqué a hacer fue ver dibujos animados con mensajes bíblicos, aprender algo sobre animación y a realizar guiones para series de televisión y largometrajes. Mientras tanto, continuaba en la CBN haciendo campaña contra Jimmy Carter, primero, y a favor de Ronald Reagan después, durante las primarias republicanas y las elecciones presidenciales de 1980. Para 1982, Reagan ya ocupaba la Casa Blanca, yo contaba con mi título en comunicaciones y, dado que la televisión me aburría enormemente, decidí cambiar de aires y probar suerte en otros ámbitos con una idea que, en mi opinión, me habría catapultado directamente al éxito. ¡Una serie de dibujos animados sobre Vietnam!

La idea estaba bastante clara en mi cabeza. Se trataba de una serie que narraría las aventuras de una serie de soldados americanos en Vietnam que serviría para explicar a los más pequeños por qué luchamos en esa guerra frente a la avalancha de propaganda liberaloide que transmitían los medios de comunicación. El proyecto contaba incluso con un equipo. Harold Meyer, un antiguo compañero mío del East High School de Des Moines, había trabajado en producciones del enfermo mental de Ralph Bakshi y, harto de las constantes tomaduras de pelo del israelí, había decidido probar suerte por su cuenta, con lo que no fue difícil convencerle. Yo mismo me ocuparía de los guiones y con un presupuesto bastante ajustado, consideramos que podíamos hacer algo bastante bueno, algo que revolucionase los dibujos animados.

Pero el primer portazo nos le dio nada menos que el propio Pat Robertson, el cual se negó tajantemente a producir y emitir la serie. Así que ni cortos ni perezosos, decidimos que Virginia Beach no era el mejor lugar para intentar probar suerte con una serie tan animadora y trasladamos todo el equipo a Los Ángeles. Allí los problemas no harían sino aumentar, ninguna productora estaba dispuesta a darnos un voto de confianza.

 Si en la Segunda Guerra Mundial se pudo, ¿por qué no en los '80?

Por suerte, al cabo de un año dando vueltas, gracias a un contacto de Meyer, tuvimos la oportunidad de conocer al mismísimo Ron Miller en persona. Miller no estaba interesado en una serie de animación con personajes humanos que combaten en una guerra tan controvertida como Vietnam. Así que la idea original fue sustituyéndose paulatinamente por una serie de animales antropomórficos que combaten en la Segunda Guerra Mundial. A mi no me hacía la más mínima gracia, pero por momentos seguía pensando que se trataba de mi primera idea original solo que con unos leves matices. A Meyer, sin embargo, le entusiasmaba la idea.

Este fue el primer logo de la que más tarde sería la MTv infantil...

Miller apostó bastante fuerte por nosotros y, aunque en un primer momento se pensaba en producir la serie para vender los derechos de emisión a algún otro canal, la cosa fue degenerando en una serie cada vez más infantil en la que la guerra quedaba como un elemento de contexto secundario para hacer principal hincapié en las alegres y divertidas aventuras de dos personajes con cara de perro e hipopótamo, el sargento Toby, y el cabo Hippo. Con este formato y añadiendo canciones, se planteaba emitir en el propio canal recién creado por la Disney. Incluso se planteó una fecha para empezar a emitir en septiembre.
En la primavera de 1984, mientras nosotros nos encontrábamos entusiasmados trabajando en lo que pensábamos, sería la culminación de dos largo años de trabajo, la Disney vivió, como ya saben ustedes, un auténtico golpe de mano de Roy E. Disney que sustituyó a Miller por el despreciable Eisner. En un primer momento pensamos que el asunto no nos afectaría lo más mínimo, pero con el paso de los meses, comenzaron a llegarnos insinuaciones acerca de la pertinencia del proyecto. Para empeorar las cosas, los estudios Disney hicieron una oferta directa a Meyer para trabajar en otros proyectos, disolviendo nuestra sociedad con el trabajo a medio hacer. Y en septiembre, finalmente, el propio Eisner se tomó la molestia de comunicarme que nuestra serie jamás sería emitida. Me enfadé porque había sido mucho tiempo de trabajo y a partir de ese momento tendría que volver a empezar, en esta ocasión sin Meyer a mi lado. Pero no sabía ni la mitad de las cosas. En el contrato que habíamos firmado con Miller, la Disney se reservaba, no solo el derecho de modificación de la obra, sino también su total exclusividad. Eisner me había dejado en la calle, me había robado a mi socio y se había apropiado de la mejor idea de mi vida, sin siquiera la intención de emitirla jamás. Y lo había hecho solo para acabar conmigo. Me lo hizo saber así. Sin ninguna dificultad y sin que afectase lo más mínimo a su trabajo, había tirado por tierra todos mis proyectos. A él no le importaba lo más mínimo si se llegaba a emitir Las Aventuras de Hippo en Disney Channel. A él solo le interesaba acabar conmigo. Yo no entendía por qué.

Ron Miller. No hubo más bum-bum para este baby san... Ni para el Sgt. Toby.

Entonces, tras varias reclamaciones y una amenaza de demanda que, tal y como mis abogados me dijeron, no tenía la más mínima oportunidad de prosperar, Eisner me hizo llegar una carta. En la carta se burlaba de mí abiertamente. Y concluía con: “Gracias por tus ideas, quizá le demos alguna utilidad ahora que son nuestras. Si quieres, yo me encargaré personalmente del funeral del cabo Hippo. ¡Hasta contrataré un payaso!”. Y entonces el recuerdo iluminó mi cabeza, al tiempo que un único pensamiento me asaltaba. Hijo de puta rencoroso…

lunes, 26 de marzo de 2012

Eisner no quiso contratarme (I) - ¿Quién demonios es Michael Eisner?

Mi madre solía decir, “no comas del comedero del perro ni contrates a un payaso para un funeral”. Si le hubiese hecho caso, posiblemente ahora estaría montado en el dólar y no mendigando a los anunciantes que no tienen dinero suficiente para costearse espacios en The Rush Limbaugh Show o en The O’Reilly Factor o que son tan sumamente tacaños que ofrecen una maldita miseria a pesar de haber cobrado millones de dólares de los contribuyentes en los socializantes rescates de Obama (¿Lo leéis miserables de la Lyoness Automotion Company?). Pero de errores está plagado el camino y la marcha atrás no existe en la vida más que como método anti-conceptivo ineficiente.

Con todo, aunque es fácil echar la vista atrás y culparse a uno mismo por los errores cometidos en el pasado, es aún más fácil echarle la culpa a otro. En mi caso, ese otro es Michael Eisner, el hombre que ha venido saboteando mi carrera siempre que ha tenido ocasión. Y lo ha hecho, simplemente porque es un maldito rencoroso, porque nunca supo encajar una broma y porque le ha venido en gana. También, por supuesto, porque ha tenido los medios a su disposición para hacerlo…

 ¿Dejaría ustedes en manos de este hombre la educación de sus hijos? ¡Lamento comunicarles que ya lo hicieron!

A estas alturas, muchos de vosotros, queridos lectores y patriotas, os estaréis preguntando quién demonios es Michael Eisner. Permíteme decirte, sin ánimo de ofender, querido lector, que eso solo es porque eres un maldito ignorante y que quizá deberías sacar tu cabeza de tu culo y enterarte de quién ha sido el responsable de la educación de tus hijos mientras tú te divertías despreocupadamente en el bar con tus amigos. Desde Walt Disney, nadie había tenido tanto poder sobre los cerebros infantiles como el que alcanzó Michael Eisner.

Allá por 1984, la Disney se encontraba al borde del abismo. Bajo el mando de Ron Miller, hombre de la familia con más buenas intenciones que conocimientos sobre cine, la productora se había lanzado a experimentar con producciones cinematográficas arriesgadas en un intento por desligarse de la imagen Bambi, establecida en vida del viejo Walt. En los años ’70 había firmado una ‘joint venture’ con la Paramount y se había lanzado a la conquista de todo el público. La estrategia parecía estar bastante clara. Hacer aquello que a las otras productoras les hubiese funcionado.

"Que cagada lo de Star Wars, ¿eh?" "Tranquilos, seguro que este bizarro plagio la supera"

Así, tras el éxito de La Guerra de las Galaxias de George Lucas (un proyecto que había estado en las manos de los buenos señores de la Disney, pero que habían rechazado en una genialidad más de la historia del cine), no dudaron en realizar su propia superproducción espacial con The Black Hole, una película que en su momento fue el mayor fracaso de la productora. No durante demasiado tiempo. Después del éxito de Excalibur y asumiendo con bastante clarividencia que el tema épico iba a calar hondo en los recién iniciados ’80, en 1981 volvieron a hacer de las suyas con Dragonslayer, una película demasiado siniestra para el público tradicional de Disney pero demasiado infantil para el público expectante de sangre, espadas y brujería, que terminó desbancando a la aventura espacial como mayor fracaso en la historia de los estudios.

Mientras tanto, en la asociación con Paramount, el estudio de la montaña nevada parecía llevarse todos los éxitos de la mano de Barry Diller y su mano derecha Mr Michael ‘odio a John R. Hoth’ Eisner. Barry había sacado a Eisner de la dirección de la cadena ABC para convertirle en su mano derecha y veía como todo lo que tocaban se convertía en oro.

El asunto copia de formato de éxito no parecía rendir los resultados esperados, así que Ronnie Miller pensó que sería una buena idea producir un proyecto descabellado que Steve Lisberger había estado paseando por todo Hollywood recibiendo portazo tras portazo (¡Por algún motivo Ronnie!). Un guion infumable, la dirección a cargo de un hombre que solo había hecho unos pequeños cortos sobre las olimpiadas boicoteadas de Moscú ’80 y 20 millones de dólares dieron como resultado Tron.

Tron...

Necesito hacer una pausa aquí. Muchos de ustedes no sabrán como funcionan las cosas en Hollywood, pero les garantizo que resulta increíblemente difícil que a uno le den dinero para producir algo. Puedes tener lo más grande que se ha hecho desde Rio Bravo que, hijo mio, te garantizo que vas a sudar sangre para conseguir que te produzcan. Así que me resulta difícil imaginar que le pasó por la cabeza a Miller cuando un hombre que solo había dirigido unos cortos sobre animalitos que hacen alegremente deporte en unas olimpiadas comunistas que no le interesan ni al maldito Dukakis le pidió 20 millones de dólares para hacer una película de ordenador, y decidió dárselos alegremente. ¡20 millones de dólares! ¿Qué se le pasó por la maldita cabeza? ¿Para esto combatimos en Vietnam? ¿Para que el fulano mediocre fauno-comunistoide como Lisberger reciba 20 millones de dólares?

Ronnie Miller parecía no aprender la lección y seguía empeñado en tratar de atraer al público que nunca iría a ver una maldita película de Disney mientras provocaba la ira de los aficionados a los dibujos de cuentos de hadas. A Tron le sucedió El Carnaval de las Tinieblas y para entonces, los accionistas dijeron, basta. En 1984, aprovechando la dimisión de Diller al frente de Paramount para contratar por Fox, Eisner hizo la jugada, se posicionó como el líder de Paramount, se alió con Roy E. Disney y dio el salto para convertirse en el CEO Manager de la Walt Disney Company. Miller le había dejado una bomba de relojería como regalo de despedida, la producción durante 7 años y a costa de 25 millones de dólares más de Tarón y El Caldero Mágico. Eisner trató de detener la producción, pero ya era demasiado tarde, y con un año de retraso respecto a lo programado, Taron se estrenó arrojando ‘solo’ 4 millones de dólares en pérdidas.

Era la hora de Eisner. Con un poder prácticamente absoluto y con una visión de negocio diametralmente opuesta a la de Miller, Eisner catapultó a la Disney hasta convertirse en un auténtico imperio de la comunicación. Para comenzar, le robó a Frank Wells a la Warner, que empezó por hacer lo que mejor sabía produciendo ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? Para evitar el error de Miller, las películas interpretadas por actores empezaron a ir firmadas por Touchstone, una marca secundaria bajo la cual se estrenaron obras clave de los ’80 como 1, 2, 3… Splash, Good Morning Vietnam o El Club de los Poetas Muertos (una idea de original de Miller que no llegó a aplicar antes de que le diesen la patada). Mientras, la marca Disney quedaba reservada para una nueva oleada de producciones familiares de animación que reventarían el mercado como La Sirenita, La Bella y la Bestia… Bueno, ya saben.

¿Por qué sonríe Mickey? Posiblemente porque le han dibujado así deliberadamente...

Pero Eisner no se limitó a cambiar el rumbo de la productora cinematográfica. El imperio de The Walt Disney Company comenzó a crecer diversificándose, y acumulando mecanismos con los cuales hacer la vida imposible a un servidor, un asunto para el que Eisner demostró ser un auténtico mago del buen hacer. A comienzos de los ’90 invadiría el sector de cine independiente haciéndose con el control de Miramax, la productora de los Weinstein, gracias al trabajo del tiburón de los negocios Jeffrey Katzenberg, responsable también de consensuar la alianza estratégica entre Pixar y Disney que tan buenos resultados le daría en el futuro. En 1996 se hizo con el control de ABC, un canal que había tenido una larga historia de colaboración con la Disney y en el cual habían comenzado su andadura tanto Eisner como Barry Diller y donde se introdujeron gracias a la actuación en su favor del multi-traidor Bob Iger. También se haría con el control de ESPN logrando una posición predominante en el ámbito de las retransmisiones deportivas.

Pero no todo fueron éxitos para Michael durante la era Clinton. En 1994, Frank Wells murió en un desafortunado accidente de helicóptero justo antes del estreno de El Rey León que proporcionaría los mayores beneficios de la historia de la Disney por una película. A partir de ese momento comenzaron a producirse las traiciones. Tras diez años en los que la industria cinematográfica se enfrentó a una sucesión de cambios traumáticos, la Disney y sus marcas secundarias comenzaron a padecer algunos fracasos sonoros en taquilla y a enfrentarse a la ira del público con algunos escándalos derivados de sus asociaciones comerciales.

El periplo de Michael Eisner al frente de la corporación de contenidos audiovisuales familiares terminó abruptamente en 2005. Roy E. Disney, que ya había protagonizado un golpe de mano en 1984 para aupar a Eisner al control de la corporación, le retiró en esta ocasión su apoyo para liderar una coalición denominada ‘Salvemos a Disney’, que sustituyó a la velocidad del rayo al bueno de Michael por su viejo amigo Robert Iger, responsable en años posteriores de convertir Disney Channel en una suerte de Mtv bizarra y adquirir por una fortuna salvaje la editorial de comics Marvel. Pero los 20 años de control de Eisner dejaron una huella indeleble en la industria del cine y la televisión, y un reguero de boicots y agravios contra el hombre que les escribe. Pero eso es una historia que conocerán, queridos lectores, más adelante.