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viernes, 22 de febrero de 2013

Reaganautas 3, XII - 21 de febrero de 2012





¿Qué ha sucedido con Timmy el Botas? ¿Ha sido realmente asesinado? ¿Habrá sido secuestrado por la guerrilla ni-ni antisistema? ¿O sencillamente se encuentra perdido por algún lúgubre rincón del sudeste asiático realizando un nuevo episodio de El Hombre Contra el Sexo?

Reaganautas se despide de la temporada realizando, como no podía ser de otra manera, un autohomenaje ultracomplaciente y respondiendo a todas las preguntas de los oyentes que nunca nos habíamos tomado la molestia de contestar. Todo un alarde de información, espectáculo, veracidad y atención a nuestro querido público en la última emisión de la tercera temporada.

Con los escalofriantes relatos de John Randall Hoth acerca de su secuestro. Un nuevo cambio de parecer de Jimmy Weaver que regresa al mundo de las drogas. Y una crítica salvaje de nuestra sexóloga rusa Sveta Sokolova a la obra de alguna degenerada pansexual. Con Jerry 'el Gurú' Conway a los mandos.

Todo esto, revelaciones espectaculares, accidentes mortales y banda sonora de Alan Silvestri en la última esperanza para la libertad en las ondas. Permanezcan atentos a sus aparatos de emisión radiofónica.


Programa patrocinado por Licor de malta Jamal Premium

jueves, 15 de noviembre de 2012

Simplemente, di no.

Con motivo del nuevo intento por parte de Jimmy Weaver de abandonar las drogas, los patrocinadores y el consejo de redacción han tenido a bien realizar un revival de una de las campañas más exitosas de la administración Reagan: Just say no.

Puede que la campaña consiguiese pocos o ninguno de sus objetivos, a saber, reducir y eliminar el consumo de drogas entre la población norteamericana. Sin embargo, la oleada de anuncios, videoclips y actos plagados de las caras más famosas de la industria cultural norteamericana dejaron su sello en el mundo, dando a luz un nuevo mundo de marketing buenrollista.

La idea vino de la primera dama Nancy Reagan. Desde los tiempos en que su marido gobernaba en California, Nancy había sentido inquietud por los efectos de las drogas sobre sus queridos amigos de Hollywood. Tras varias visitas a la clínica Betty Ford y al Daytop Village, su profunda capacidad de análisis y extracción de la complejidad de los fenómeno sociológicos, hizo que en su cabeza resonase un eslogan: “Simplemente di no”.
Con un eslogan tan poderoso, se hizo prácticamente inevitable la aparición de multimillonarias campañas de publicidad que alertaban de forma imprecisa a la juventud de los riesgos del consumo de sustancias ilegales.

Uno de los anuncios de la campaña con ese característico doblaje de un camello cuya identidad étnica queda deja poco lugar a dudas.
 
Pero el climax de la guerra contra las drogas no llegaría hasta la incorporación de las caras más conocidas para el público norteamericano en esta atroz campaña. Comenzaba una nueva dinámica en la cual el objetivo inicial quedaba difuminado por la necesidad de hacer aparecer a ídolos en pantalla. En 1985, bajo el patrocinio del gobierno federal, se producía el videoclip Stop the Madness, un auténtico desfile de celebridades en un tema musical que llegaría ha irrumpir en el Billboard norteamericano. Antecediendo en dos años al mítico We are the World, Stop the Madness se convirtió en un auténtico referente para las campañas de distraído propósito de los famosos de Hollywood.
El videoclip en cuestión.
Entre las estrellas que participan podemos ver a individuos tan comprometidos con la lucha contra la drogodependencia como Whitney Houston, su marido Bobby Brown, Latoya Jackson o David Hasselhoff. Incluso podemos encontrar a un joven Arnold Schwarzenegger realizando un cameo.
Arnold demostrando su compromiso contra las drogas en sus tiempos de culturista.
Tras el éxito desmedido del videoclip, la campaña se expandió a otros ámbitos del entretenimiento como los deportes, donde se llegó a implicar a plantillas completas de franquicias deportivas en auténticos despropósitos audiovisuales.
Pocos jugadores conocían la clausula de su contrato que les obligaba a participar en esta clase de producciones.
Con la llegada de los ’90, el repertorio de buenas causas se multiplicó exponencialmente y a la intrusiva aparición de temas como la violencia de género y el racismo, se unió el desencanto progresivo de la generación Nintendo a los que antes habían sido sus ídolos. Just Say No desapareció tal como había llegado al mundo, sin cumplir ninguno de sus objetivos y mientras una oleada de nuevas sustancias inundaba las calles de medio mundo. Sin embargo, sus anuncios y videoclips quedaron para deleite de un público, y sus formas marcaron un antes y un después en la incorporación de propaganda en las producciones de consumo juvenil.